De Ernesto al Che

El 7 de julio de 1953, Ernesto Guevara, con 25 años, se tomó un tren en la estación de Retiro de Buenos Aires rumbo a su último y definitivo viaje por Latinoamérica.

Su compañero de ruta y amigo de la infancia, Carlos “Calica” Ferrer, relata por primera vez todas las aventuras y experiencias de esos meses definitorios que determinaron la transformación del joven Ernesto en el Comandante Che Guevara.

Como en el primer viaje que emprendió junto a Alberto Granado, este segundo recorrido significó un encuentro con las raíces de la América indígena, con las incipientes reacciones populares y con toda la belleza y el sufrimiento de un continente sometido durante siglos, y todas esas vivencias están plasmadas en esta nueva publicación de Editorial Marea, que relanzó “De Ernesto al Che“, en formato para bolsillo, y que ya está en las principales librerías del país a un costo de 24 pesos..

“El nombre del ladero ha cambiado, ahora Alberto se llama Calica; pero el viaje es el mismo: dos voluntades dispersas extendiéndose por América sin saber precisamente qué buscan ni cuál es el norte”, escribió Guevara en su diario de viaje.

Los dos amigos recorren Bolivia, Perú y Ecuador alternando el entusiasmo viajero y las diversiones juveniles con reveladores descubrimientos sobre la realidad social y política latinoamericana, que terminan convirtiendo el viaje en un profundo autodescubrimiento que los cambiará para siempre.

El libro presenta además fotos inéditas del álbum personal de Calica que retratan la infancia y adolescencia de los dos amigos en la ciudad cordobesa de Alta Gracia y, por supuesto, del viaje que compartieron.

Alberto Granado, amigo de Ernesto y de Calica, prologa el libro y termina con estas palabras: “Gracias Calica por haber traído este soplo de aire fresco mostrándonos a nuestro amigo tal como fue, es y será: un hombre de carne y hueso”.

Describe Calica: Esta foto tiene un valor afectivo muy importante para mí porque es la última en la que aparecemos juntos (casi siempre uno sacaba la foto y el otro posaba). La foto nos la tomaron en Bolivia, donde 14 años más tarde fue fusilado. Estábamos en las afueras de La Paz, en un paseo dominguero con la familia Peñaranda. Esta familia era una de las tantas que nos ayudaron gracias a las cartas de recomendación que llevábamos. El contacto en este caso era la familia de Carlos Figueroa. Como se usaba en esa época, aún en un viaje “rata” como el nuestro, las reuniones con gente de la “sociedad”

Descargá de aquí un capítulo del libro

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